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Dedicada a la venta de computadoras e insumos informáticos y equipos de oficina, esta empresa supo instalarse, mantenerse y crecer en la ciudad de Paraná brindando tecnología, seriedad y respaldo a sus clientes, y con un concepto base no tan difundido: Primero la gente, luego los negocios.
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Fecha: 22/12/2009 11:38:25
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Para su dueño, Armando H. Brumatti, la responsabilidad en lo que se hace y la confiabilidad para el cliente son dos pilares fundamentales a la hora de brindar un buen servicio, sobre todo en un rubro en que la generalidad no domina las características de productos y sus funciones, como lo es la computación, más aun en años hacia atrás.
La persona que ingrese al negocio de Brumatti y Cía. notará rápidamente que las puertas de todas las oficinas están abiertas. El trabajo en los talleres puede ser localizado rápidamente y no hay dificultad para acceder ni necesidad de pedir audiencia para contactarse con cualquiera. Simplemente es cuestión de pedir permiso y entrar. “Si usted tiene un problema venga y díganoslo. Estamos para afrontarlo. Si nos equivocamos pedimos disculpas y corregimos, si el equivocado es el otro intentamos explicarle el porqué de un modo sencillo, entendible. Si no es culpa de nadie (cambios tecnológicos, accidentes, olvidos, etc.) buscamos la mejor solución que no perjudique a ninguno, o lo haga en proporciones razonables“. Estos son conceptos básicos en la filosofía de la empresa, trasmitida a todo el equipo de trabajo, y supervisada en forma personal por el mismo Armando Brumatti y su esposa María Inés Pignatta, que forma parte del grupo desde hace 30 años y con especial celo en la atención de clientes, “Son cosas que casi no decimos, pero la gente lo advierte al estar en contacto con nosotros”, dice Armando Brumatti.
El rubro principal de esta empresa es la computadora personal hogareña, para profesionales y PYMES, con todos sus dispositivos periféricos y accesorios como pantallas, impresoras, conectividad, teclados, parlantes.
Pero también está abocada a la venta de insumos para PC y oficina, (tintas, toners, papel, cintas); también Controladores fiscales, equipos de energía de emergencia (UPS, estabilizadores), Lectores de código de barras, detectores de billetes y tarjetas falsos, etc. Todo soportado por un caracterizado taller de Servicio Técnico Integral.
Cuenta con una estructura física importante: edificio propio de 350 m2 de local, depósito y talleres, automotores, herramientas y amoblamiento adecuado. El equipo humano compuesto de 11 empleados más el dueño y su esposa. Con sus 34 años de experiencia, le permiten discernir que no es posible abarcar responsablemente todos los rubros conexos, y ha sabido dejar sin efecto a su tiempo tareas como desarrollo de software, amoblamientos, comunicaciones, que abarcó en ciclos pasados. Prefiere concentrar las energías en que los productos y servicios que la empresa presta sean de buen nivel. DESDE LO HUMANO.
Armando Brumatti nació en Las Cuevas, en el seno de una familia muy humilde y numerosa. Venciendo las adversidades económicas, geográficas, y de pertenencia social, estudió hasta tener su título de Contador Publico Nacional, trabajando mientras estudiaba. Alternando la actividad comercial también ocupó en dos ocasiones la Secretaría de Economía de la Municipalidad de Paraná, tomando estas etapas como contribución a la sociedad desde lo técnico/humano y no como vocación política.
LA HISTORIA
El ingreso al rubro de informática -cuenta Armando Brumatti- fue azaroso, ya que en 1975 lo invitan a ingresar como socio en una empresa a crearse, que se dedicaría a algo inexistente aún: la programación y venta de un “ordenador electrónico” diseñado y fabricado en Argentina por la empresa Fate S.A, con la marca “Cifra” . Lo anecdótico del caso es que quienes lo llamaban eran, además de un colega amigo, un ex patrón con quien había oficiado de ayudante de oficina mientras hacia el secundario en Diamante, y un señor que el año anterior había intentado sobornarlo para concretar una venta a la Municipalidad y a quien le exigió que el porcentaje ofrecido le fuera descontado del precio. La honestidad aquí aportó en gran medida a la historia futura. También recuerda que los aportes fueron a través de un crédito bancario, y que la mitad del capital se licuó antes de empezar con el famoso “rodrigazo” de ese mismo año.
Compenetrado de las necesidades a cubrir, Armando viajó a Buenos Aires a capacitarse para programar las nuevas máquinas que su empresa vendería, partiendo totalmente de cero, y desde entonces se dedicó a esa tarea de programador/instalador, dado que no había software disponible, sino que había que crearlo para cada cliente y cada necesidad operativa. Luego de tres años la evolución no era satisfactoria, sus socios continuaban sus trabajos originales y la descapitalización era perceptible. En esas circunstancias los socios le ofrecen transferir sus cuotas. En ese momento Armando decidió apostar audazmente al futuro: en acuerdo con su esposa en una decisión esencial, vendió su casa para comprar los activos del resto de los socios y capitalizar la empresa. Desde entonces el negocio se convirtió en A. Brumatti y Cía. y un ámbito más de la familia. María Inés puso lo suyo, las 3 hijas acompañaron, se interactuaba entre tareas empresarias y familiares (viajes de trabajo con porción dedicada a esparcimiento por ejemplo). La política económica imperante en el país, que favorecía la importación por sobre la fabricación nacional, motivó que la empresa Fate Electrónica cerrara sus puertas a la producción y se dedicara a importar. Ello implicó una verdadera revolución, ya que hubo que adaptarse a otras tecnologías, otros lenguajes de programación, otra forma de prestar servicio técnico; pero se afrontó y se superó.
Luego, llegó la etapa en que la computadora pasó de ser la única en una empresa, a introducirse en cada oficina, en estudios profesionales, hogares, etc. El crecimiento de la empresa acompañó esta evolución, y en año 1987 contaba con 21 empleados en tres locales diferentes. Con cambios radicales en los requerimientos a cubrir, aparición de la venta de computadoras en supermercados y cadenas de electrodomésticos, y al disponerse en el mercado buena variedad de software estandarizado, se impuso una drástica adaptación en 1990. Se desmembra la división de desarrollo de sistemas, se reemplazan los locales por uno sólo propio, cambian modos de trabajo y zonas de acción. Todo ello sin originar ninguna desatención a los clientes ni personas sin trabajo. A lo largo de todas estas etapas, siempre estuvieron en claro los valores que le permitieron permanecer y crecer como empresa, formando parte dignamente del concierto social: honestidad en los procederes, actitud positiva, capacitación permanente, compromiso y trabajo en equipo, asumir riesgos controlados, cumplimentación de aspectos legales y laborales, adaptación a los nuevos tiempos.
DIFERENCIACION: “Lo que damos al cliente hoy es lo que intentamos darle desde nuestros comienzos: asesoramiento y confiabilidad”. La informática es un rubro en que frecuentemente el cliente es conciente de la necesidad de incorporar (quien no quiere tener Internet, un correo electrónico) pero desconoce en gran medida el producto que va a comprar. Esto, en un contexto tecnológico muy dinámico, precios que varían mucho, opiniones diferentes de gente cercana. Entonces tratamos de recomendar sensatamente lo adecuado a cada caso: que compre lo que necesita pero no de más, tecnología actual pero no la “ultísima”, que todavía no está probada y es muy cara (no hacer de conejito de indias). “No lo engañamos para que compre más de la cuenta”, indicó Brumatti. De esta forma, el cliente resuelve su problema sin gastar de más, y poco a poco va incorporando dispositivos a medida que necesite y con la tecnología y precios del día (que son siempre inferiores). La honestidad de procederes siempre fue fundamental en A. Brumatti y Cía.: “Un usuario con desconocimiento en la cuestión técnica y compelido a incorporarse a la tecnología es una presa fácil para vendedores sin escrúpulos o sin razonamiento. Para nosotros la idea que el cliente compre lo justo o bien de menos. A futuro tendrá mas necesidades a cubrir y seguramente volverá por aquí si se sintió comprendido y bien asesorado”, explicó Armando. Todo equipo debe funcionar adecuadamente, fallar lo menos posible y poder resolver las fallas. “No dejamos ningún equipo abandonado”. “La idea central es un equilibrar en un todo: buena calidad, prestaciones acordes a lo esperado, precio razonable, instalación correcta, y atención adecuada”, agregó el empresario.
Mereció un párrafo especial las cualidades del personal de la empresa: buenas personas, capacitación constante para actualizarse ante las nuevas tecnologías: participan en conferencias y cursos, por sus propios medios en revistas y web, intercambio con sus pares y con los propios clientes, etc. “Nuestro personal es ávido de conocimientos, les gusta el rubro, aprenden siempre, y tienen buena disposición para resolver cualquier problema que tenga el cliente”. Si no lo saben buscan ayuda, pero lo logran, concluyó.
Fuente: El Diario de Paraná
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